No me representan

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Cuando estudiaba en León, soñaba con vivir algún día en Barcelona. Para alguien de una ciudad pequeña como yo hacer las maletas y marcharme a la gran ciudad fue todo un cambio. Un cambio que no sólo me llevó al barrio del Nou Camp, sino que me hizo aprender una cultura desconocida en gran medida, una cultura en la que además de Al Vent y L’Estaca, cabían los poemas de Martí i Pol y los textos de Joan Triadú.

Viví en Barcelona cerca de tres años. Tres años inmensos, en los que estudié, trabajé y viví en una ciudad radicalmente diferente al León del que venía o a la Ponferrada de mi niñez. Cosas tan cotidianas como sentirse una pequeña hormiga en medio de tanta gente, perderse por el Raval o contemplar la cuadrícula del Plan Cerdà me hicieron sentirme poco a poco parte de la capital. La misma capital en la que lo mismo te topabas de repente con una idea de Gaudí como compartías una Damm mirando al Mediterráneo de Serrat. Pero de Barcelona me llevo lo mejor, y lo mejor de las ciudades suelen ser las personas que conoces.

Tras un pequeño susto, la vida me llevó a Madrid. Una culé perdida entre las calles del Bernabéu, qué ironía. Como suelen decir todos los que acaban en la ciudad de la Meseta, “como nadie es de Madrid, todo el mundo es de Madrid”. Y creo que es verdad. Aquí he descubierto la magia que tiene Lavapiés, los domingos de la Latina, las noches en Malasaña. Madrid, como Barcelona, son ciudades para vivir(las). Pero sobre todo para compartirlas con aquellos que también viven en ellas.

Por eso me apena tanto cuando leo las bolas de tenis que se lanzan unos y otros, otros y unos. Me apena que una parte importante de Cataluña quiera irse, y no, no valoro si son de origen catalán o si sus abuelos procedían de Andalucía o Extremadura. Porque vivir en Cataluña me permitió hablar, debatir (¡e incluso discutir, qué sano es discutir!) con personas independentistas que querían irse. Y eso, fíjense, a pesar de que sus abuelos fueran granadinos o de raíces catalanas. Al fin y al cabo, ¿importa tanto nuestro origen en una ideología política?

Me gustaría contar con políticos menos miopes. Tal vez es que no sean miopes y que cada uno esté barriendo (electoralmente) para su casa. Eso tal vez explique que Morenés soltara un exabrupto sobre noséqué acción militar o que Felipe (el mismo Felipe que gobernó con CiU, qué ironía) tilde a los independentistas de fascistas. En esta España mía, esta España nuestra, que decía la canción, me apena que llevemos desde 2012 (o 2011, o 2010, qué se yo) mirando para otro lado. Unos y otros, otros y unos.

Pero no, no me representan ni Morenés ni González. Mucho menos la Falange, que parece que mañana se concentrará en Blanquerna para protestar por “la unidad nacional” y en contra del “insulto independentista”. No me representan, nunca lo hicieron, jamás lo harán aquellos que recuerdan a tiempos oscuros, los de la pistola y las amenazas, los del silencio y la represión. Y en esas recuerdo a Víctor Manuel cuando hace años, muchos años, escribió aquel himno titulado “Esto no es una canción”. Esa canción que habla de una suerte de patriotismo que no necesita de banderas, ni de batallas cara al sol, ni del valor, ni de juegos con el sable.

En esta España cainita, en la que nos hemos matado muchas, demasiadas veces, resulta terrible escuchar a políticos de izquierda y derecha con un mismo discurso. Creo que en estos dos, tres, cuatro años nadie ha hablado de soluciones. Lo que se veía en las calles, influido más o menos por arriba, por abajo y por los lados, no tuvo respuesta en los despachos, donde alguien debió decir algo, hacer algo. No lo hicimos, y de aquellos polvos estos lodos.

Mientras tanto, cuando sigue sonando el “Espanya ens roba”, un lema que me parece tan abrupto como otras manifestaciones del lado indepe, creo que algunas mentes brillantes como Pablo Simón reflejan bien lo que sentimos mucho que parecemos demasiado silenciosos respecto a los exabruptos de unos y otros. De otros y unos, ya saben:

Existen dos relatos particularmente agotadores sobre todo este tema. De un lado, los que dicen que el independentismo es una construcción de unas elites todopoderosas en Cataluña que manipulan a la sociedad. Del otro, los que hablan una sociedad civil vibrante movilizándose por la libertad de un pueblo oprimido. La realidad es más matizada. Ni los partidos son independientes de sus bases y electores ni las preferencias o ideas de estos últimos surgen en el vacío. Conviene tenerlo en cuenta si se quiere entender lo que pasa. Si lo que se quiere es vender munición electoral, entonces para el que la compre.

Catalunya se está polarizando entre unos y otros, entre otros y unos. Pero creo fundamental que, más allá de la política, de los intereses electorales, también estamos el resto. Los que se manifiestan por el derecho a decidir (qué malo parece ser votar para según quién), los que ven (vemos) todo este conflicto como una preocupante polarización de unos y otros. De otros y unos, pero esta vez, fuera de los despachos, y cerca de las calles.

La polarización, sin embargo, no existe sólo en Catalunya. También en el resto de nuestra geografía. Y la política y los amores ideológicos se parecen cada vez más a un partido de fútbol, a un Barça-Madrid, donde los odios son tan irracionales como las pasiones con las que seguimos a nuestros equipos. Pero lo que está en juego, más allá de que ocurra el próximo 27-S o el 20-D, es más grande que el “y tú más”: la convivencia (juntos, a medias o por separado). Veremos qué ocurre en el ocaso de este verano y el otoño que comienza, pero desde luego, los años que los precedieron no invitan a la confianza.

Imagen | María Rosa Ferre (Flickr)

Study trip to Estonia for science journalists!

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How will climate change affect our daily life in the future? And which will be its impact on Baltic countries such as Estonia? Those were some of the questions I asked myself when I knew I was going to visit the region, thanks to a study trip organised by the Estonian Association of Science Journalists, the Estonian Research Council and the European Union of Science Journalists’ Association.

The trip was focused in a broader topic, because it covered not only climate change, but also biodiversity. And this issue is really interesting, because Estonia hosts a large proportion of the species that are threatened at the European level, according to the European Red List compiled by IUCN Global Species Programme. So what are they doing about biological conservation and climate warming? Are Estonian scientists concerned about these problems?

From 20 to 22 May 2015, I had the great opportunity to visit the country and to go deeper into the research on biodiversity and climate change. For example, I could learn that Estonia has a sea territory with more than 1,500 islands! In the Tallinn University, we had the opportunity to learn about the research done in topics such as environmental or food history. We also spent a morning in the research vessel Salme, learning about aquatic robots for archaelogical purposes, bacterial metagenomics in the Baltic Sea or marine monitoring.

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But the study trip also included two really nice surprises: the Laelatu wooded meadow and the Tartu observatory. Combining both was great, because we were able to experience Estonian nature first-hand (Laelatu wooded meadow holds a record for number of species per square metre: in 2001, scientists counted 76 different species of vascular plants in just one square metre!), while learning about the largest astronomical observatory in Estonia. Here we discovered the biggest optical telescope in Northern Europe!

All the good things come to an end, and so did the Estonian study trip! During the last day, we got the chance to visit the University of Tartu and the Estonian University of Life Sciences, discovering really nice research projects related to fungal biodiversity or biological ‘dark matter’. To sum up, the study trip to Estonia was a great opportunity to learn about this country and its research lines, and of course, to meet and know science journalists from all over the world. So many thanks to the people who organised it, and also thanks ACCC and EUSJA for this opportunity!

Imágenes | Gunnar Bach Pedersen (Wikimedia), Ivar Leidus (Wikimedia)

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Versión en castellano

¿Cómo nos afectará el cambio climático en nuestra vida diaria? ¿Y cuál será su impacto en los países bálticos, como Estonia? Estas fueron algunas de las preguntas que me planteé cuando supe que iba a visitar la región, gracias a un viaje de estudios para periodistas científicos organizado por la Asociación de Estonia, el Consejo de Investigación de Estonia y la Federación Europea de Asociaciones de Periodistas Científicos.

El viaje se centró en una temática un poco más amplia que el cambio climático, ya que también cubría aspectos relacionados con la biodiversidad. No en vano, Estonia cuenta con una gran proporción de especies amenazadas a nivel europeo, según la lista roja comunitaria que elabora el IUCN Global Species Programme. Por estos motivos, ¿qué proyectos de I+D están centrados en la conservación biológica o el calentamiento global? ¿Los científicos de Estonia están concienciados sobre estos problemas?

Del 20 al 22 de mayo de 2015, tuve la gran oportunidad de visitar este país y profundizar en la investigación que realizan en materias como la biodiversidad y el cambio climático. Por ejemplo, supe que Estonia cuenta con un territorio marítimo compuesto por más de 1.500 islas. Además conocimos las líneas de I+D que impulsan desde la Universidad de Tallinn, relacionadas con temas como la historia medioambiental o de la alimentación en el país. También pude pasar una mañana en un auténtico barco de investigación, más conocido como Salme, en el que nos enseñaron el trabajo que realizan con robots acuáticos, en metagenómica del mar Báltico o en la monitorización marina.

El viaje de estudios también incluyó dos sorpresas realmente buenas: la visita al humedal de Laelatu y al observatorio de Tartu. Ambas experiencias fueron realmente positivas, ya que pudimos conocer de primera mano la increíble naturaleza con la que cuenta Estonia (el humedal es uno de los más diversos en cuanto a número de especies en Europa), además de visitar el mayor observatorio astronómico de Estonia. En este segundo lugar también nos enseñaron el telescopio óptico más grande del norte de Europa.

Pero todas las cosas buenas llegan a su fin, y algo así ocurrió con nuestro viaje a Estonia. Durante el último día pudimos visitar la Universidad de Tartu y la Universidad de Estonia en Ciencias de la Vida, descubriendo algunos proyectos muy interesantes, como los relacionados con la biodiversidad fúngica o la biodiversidad oscura, también calificada como la “materia oscura” de la biología. Además de tener la oportunidad de conocer un país como Estonia y sus actividades científicas, el viaje también me sirvió para conocer y encontrarme con otros periodistas y comunicadores de todo el mundo. Por estos motivos, quiero agradecer a los organizadores su trabajo, y a la ACCC y a la EUSJA esta nueva oportunidad para aprender un poco más sobre ciencia.

 

Lo que puede enseñar Manuela Carmena a la comunicación científica

Manuela Carmena

Lo reconozco. Llevo unos días -semanas, realmente- asombrada. Aunque tal vez no sea el adjetivo preciso. Pero tampoco lo es extasiada, ilusionada, utópica, embelesada. Juanlu Sánchez decía en eldiario.es que Manuela Carmena había conseguido enamorar a las diferentes familias de Ahora Madrid. Para después fascinarnos al resto.

Cada vez que escucho una entrevista o leo unas declaraciones suyas, aprendo algo nuevo. Me llama la atención no sólo la paz que transmite, sino también las lecciones de sensatez que da por minuto. En una época en la que estábamos acostumbrados al “tú más” y “tú peor”, de repente llega alguien que ¡zas! sin quererlo ataca nuestros puntos más débiles y sube nuestra dopamina. Carmena atrae al público, lo engancha emocionalmente con su discurso de sentido común.

Pero más allá del enganche inicial de la dopamina, sus palabras, su forma de actuar (incluso su manera de responder a Aguirre) nos lleva un paso más allá. La candidata de Ahora Madrid nos sube la serotonina y la oxitocina, hace que pasemos de esa atracción del principio a algo más. Estrechamos nuestros vínculos con ella, nos comprometemos, recreamos su rostro en ilustraciones, hacemos canciones para que Manuela sea alcaldesa. ¿Les suena?

Manuela Carmena

Más allá de la historia de amor -y de química- que ha supuesto la llegada de Carmena a la política, lo cierto es que su actitud es un continuo aprendizaje. De Tierno a Manuela, del viejo profesor a la jueza emprendedora. Dos épocas diferentes, pero llenas de contrastes. Y sin embargo, la perspectiva de ambos -alcalde y alcaldable- puede ser una lección para la comunicación científica. La atracción y el vínculo emocional que fueron capaces de crear -y que Manuela demuestra con más fuerza a cada embestida de Esperanza Aguirre- deben ser extrapolados al terreno de la investigación.

Lo explicaba mejor la propia Carmena la noche electoral. “Tenemos que seducir a los que no creen en el cambio”, dijo en la cuesta de Moyano. En ocasiones, la comunicación y la divulgación científica han dejado de lado a su público objetivo principal: la sociedad. Reprochando -e incluso a veces despreciando- el bajo nivel de cultura sobre la investigación. Hay decenas de estudios -el último de FECYT es un ejemplo- que demuestran que los españoles conocen poco o nada a los científicos. Hoy en día, el interés por la investigación sólo alcanza al 15% de la población.

¿Qué ocurre? No hemos sabido seducir. No hemos sabido atrapar, enseñar, embelesar, atraer como Carmena. No nos hemos puesto del lado del otro. En ocasiones, incluso hemos llamado ignorantes a los que no pensaban como nosotros. ¿Vamos a convencer a más gente insultando a aquel que crea en la homeopatía o que rechace los transgénicos? Lo dudo. Es probable que tampoco le hagamos cambiar de opinión, pero seguro que esa actitud ‘por encima del hombro’ no juega a nuestro favor de cara a la sociedad en general.

Me gusta Manuela por su estilo. Por su forma de actuar, de reír de forma despreocupada, de hablar con firmeza pero escuchando. De enseñar que hay que ponerse en la piel del otro e intentar seducirle. La comunicación científica debe cambiar de estrategia si quiere realmente llegar a todos los públicos. Con firmeza y serenidad, pero sobre todo con capacidad de diálogo. Como Carmena.

Imágenes | Javi Txuela, Madrid con Manuela

¿Han descubierto a Cervantes sí o no? Cuando la ciencia y el periodismo no se entienden

restos de Cervantes

He estado siguiendo la rueda de prensa sobre el hallazgo de los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid. Las conclusiones del estudio histórico, arqueológico y antropológico son las siguientes:

  1. La iglesia conventual no estaba donde decía el marqués de Molins, sino en la calle Amor de Dios de Madrid. Es decir, hubo dos iglesias que existieron de manera simultánea entre 1697 y 1730.
  2. Hay 17 cuerpos inhumados de 1612 a 1630 en la iglesia primitiva, entre los que se encuentran los de Miguel de Cervantes y Catalina Salazar.
  3. El traslado de los restos óseos de la iglesia primitiva al convento nuevo se produjo entre 1698 y 1730.
  4. Se documentaron los niveles de enterramiento que existen en la cripta de la iglesia nueva. Hay tres niveles de enterramiento: por datación de las telas encontradas y otros materiales, se determina que los niveles 1 y 2 corresponden al siglo XVIII y XIX.
  5. El nivel 3 de enterramiento, según las vestimentas y materiales encontrados (12 maravedíes de Felipe IV, que podrían ser de 1660), correspondería al siglo XVII.
  6. En este nivel 3 de enterramiento, donde sólo se identifican huesos adultos, se observa también una profunda reducción ósea. Este hallazgo es lógico, ya que pudo transcurrir casi un siglo entre la inhumación (1612-1630) y el traslado de la iglesia primitiva a la nueva (1698-1730). La reducción ósea significa que no hay huesos completos, sólo fragmentos y esquirlas en muy mal estado de conservación.
  7. Las monedas encontradas de Felipe IV son un hallazgo interesante. Datan de 1660 aproximadamente, pero pudieron estar en circulación 40 años, lo que encajaría con el traslado de los huesos que ocurrió entre 1698 y 1730.
  8. La conservación de los huesos es muy deficiente. Se identifican cuatro cráneos de hombre y 2 de mujer, el resto están en mal estado y ni siquiera se determina a qué sexo pertenecen. En algunos de los fragmentos óseos encontrados se aprecian síntomas de degeneración articular (que corresponderían con una persona de avanzada edad).
  9. Dado el mal estado de los huesos, no se ha podido apreciar en ningún caso signos de patología traumática (el famoso arcabuzazo en la mano izquierda de Cervantes).
  10. El conjunto de evidencias históricas, antropológicas y arqueológicas, basado en las numerosas coincidencias y ninguna discrepancia, permite afirmar que hay restos de Cervantes entre los fragmentos de los 17 cuerpos de la zona acotada.
  11. No se ha podido determinar individualmente restos óseos que correspondan a Cervantes. Se intentará a partir de ahora extraer ADN y realizar el perfil genético para lograr este objetivo.
  12. ¿Cuál es el problema? Los huesos están muy deteriorados, y su cotejo es prácticamente imposible. Los huesos de la hermana de Cervantes están en un osario en Alcalá, lo que significa que tampoco están individualizados. Será, por tanto, muy difícil identificar de manera individual fragmentos óseos de Cervantes, pero existe certeza científica de que hay restos del escritor en la zona acotada por todas las evidencias científicas planteadas de carácter histórico, arqueológico y antropológico.

Tras la información dada a conocer por los investigadores -con posterior aplauso incluido-, ha comenzado la rueda de preguntas. Y es aquí donde periodismo y ciencia han comenzado a enredarse. “No hay evidencia de que los restos sean de Cervantes”, afirmaba un periodista. Los investigadores, lejos explicar de nuevo sus conclusiones, se han puesto a la defensiva.

proyecto_cervantes_presentaEtxeberría incluso ha llegado a afirmar que ha habido “presiones por parte de los medios de comunicación” para realizar la rueda de prensa. Ha negado, sin embargo, presiones de carácter político por difundir los resultados. Y es que esta misma semana han aparecido noticias en la prensa, no difundidas por el equipo científico, sobre el origen de los huesos de Cervantes. “Incluso con titulares erróneos”, ha afirmado tajante el historiador.

“¿Pero entonces los huesos no son de Cervantes?”, preguntaba dubitativa una periodista. Es entonces cuando ha habido una pelea dialéctica extraña para una rueda de prensa, en la que el historiador ha empezado a hablar de epistemología y espectrometría de masas. ¿El resultado? Periodistas enfadados por haber sido convocados a una rueda de prensa “sin resultados concluyentes”.

Mientras tanto, Francisco Etxeberría ha intentado explicar de nuevo -parece que sin éxito- que sí tienen conclusiones, pero no resultados sobre identificación individual. Es decir: Cervantes está ahí, pero no sabemos qué huesos corresponden a su cadáver. La difícil traducción del lenguaje científico al periodístico ha provocado que incluso un periodista en la sala pidiera a los investigadores un titular.

restos-cervantesEn Twitter, mientras tanto, las chanzas sobre Cervantes se repetían. Algunos incluso se indignaban porque los científicos investigaran sobre ello, mientras hay 100.000 personas en las cunetas. Olvidando que Etxeberría ha dedicado buena parte de su tiempo en buscar e identificar a víctimas de la guerra civil y de la dictadura. Yendo al titular fácil, al chiste en los 140 caracteres, a desprestigiar el trabajo del equipo científico.

La comunicación -ese puente entre investigadores y periodistas- ha brillado por su ausencia. En lugar de celebrar unos buenos resultados, en los que habrá que intentar profundizar mediante el análisis del ADN, es preferible que ciencia y periodismo se cieguen y se enreden en una pelea inútil. Los investigadores culpando a periodistas de la rueda de prensa (aunque la arqueóloga Almudena García haya reculado al final). Los periodistas indignados al no comprender si el hallazgo presentado es o no noticia.

En cualquier otro país del mundo, las conclusiones obtenidas hoy sí serían noticia. Y se explicarían diciendo “que los restos de Cervantes están ahí, y que ahora tratarán de identificarlos individualmente”. No poniendo en duda el trabajo de unos y otros, defendiéndose ante las dificultades de comunicar ciencia o atacando al no entender las conclusiones. Spain is different… 

 

Matraces de letras (XI): 7 lecturas de domingo

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Termina una semana intensa, y con ella llegan las lecturas del domingo en forma de matraces de letras. Ciencia, política, relaciones internacionales, educación. Siete días que han dado para mucho. Aquí va este particular repaso:

• Vivimos tiempos marcados por las convocatorias electorales, el auge de nuevos partidos políticos y la movilización ciudadana. Uno de los debates recurrentes en años como 2015 es, sin duda, el que concierne al sistema educativo. Con el anuncio del Gobierno de los grados de tres años se ha levantado una gran polémica sobre la ‘privatización de la educación’. Octavio Medina desgrana algunos detalles y diferencias del sistema 3+2 en Politikon.

• Un ejemplo de vida. Un ejemplo ante la muerte. Oliver Sacks, el famoso neurólogo y divulgador, anunció esta semana que padece un cáncer terminal. Su carta de despedida en New York Times es tremendamente emotiva. El periodista Pablo Rodríguez reflejó en su blog Maventrap la reacción que muchos de nosotros tuvimos al leer a Sacks. Que tenemos miedo a morir. Pero que también esperamos que nos quede mucha vida, y especialmente, que tengamos la serenidad de Sacks para asumir la realidad -cuando toque-.

• Otra pieza que conmueve, escrita esta vez desde Sierra Leona. Linda Poon cuenta en NPR la realidad de miles de niños de este país africano afectado por la crisis del ébola. La epidemia provocó el cierre de cientos de escuelas, algo que podría ser terrible para el futuro de los más pequeños. En las situaciones límite, es donde el ingenio humano se agudiza. Ahora reciben las enseñanzas gracias a clases por radio.

• Un artículo imprescindible. ¿Qué es el Estado Islámico? ¿Qué quiere realmente ISIS? Este long-read en The Atlantic responde a cuestiones clave de la política internacional. Una pieza fundamental para entender su auge.

• En el recién nacido El Español, Eva Belmonte (Civio) hace un análisis realmente interesante sobre la concesión de indultos en España. En 2014 se ha observado un descenso dramático del número de concesiones (87), una cifra bastante alejada del número de indultos que se declaraban a finales de los noventa.

• Javier Lacort reflexionaba en Medium sobre la situación de los medios digitales. ¿Cómo usar la inteligencia con tus rivales? Nos propone pasar de un modelo de competencia a uno de coopetencia. Muy, muy interesante.

Last, but not least. Esta semana hemos asistido a la publicación de diversas investigaciones sobre el epigenoma humano de manera simultánea. Un esfuerzo común, un trabajo similar al desarrollado hace una década con el Proyecto Genoma Humano. En New York Times resumen la importancia de estos avances, que nos permiten conocer un poco más los interruptores que regulan la actividad de nuestros genes.

Un clásico para terminar, Shiny Happy People. ¡Feliz domingo!

Imágenes | Republica (Pixabay)

El mejor oficio del mundo

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No sé cuándo empecé a escribir. Pero sí recuerdo que los fines de semana, cuando iba con mis padres a León, veía a mi abuelo siempre sentado en aquel bar del barrio de la Palomera. El gesto siempre era el mismo. De espaldas a la ventana, leía el periódico detalladamente, como si se le fuera a escapar algún titular o dato significativo entre aquellas líneas. De forma consciente o inconsciente, pronto empecé a imitar aquel gesto. Leía -devoraba, dice mi madre- el periódico. Mejor dicho, los periódicos. Todos. El País, ABC, El Mundo, Marca, Diario de León. Tanto que cuando salía con mis padres a tomar algo, me dejaban sentada leyendo. “Ya voy”, era la frase. Mi frase.

No sé cuándo empecé a escribir. Pero sí recuerdo la emoción de la primera entrevista. Con doce años decidí que quería publicar un artículo sobre Pau Gasol en la revista del colegio. Se acababa de mudar a Memphis tras su paso por el Barcelona. ¿Por qué no mandarle una carta al estadio? Dos meses después, cuando ya no recordaba ni la misiva ni la entrevista, recibí un sobre naranja en casa. Era de Pau. Contestaba a mano mi entrevista para el colegio, me enviaba una foto firmada y unas pegatinas de los Grizzlies. Aún conservo aquel autógrafo en mi habitación de Ponferrada. Y la emoción de saber que por utópicos que parezcan nuestros sueños, es posible alcanzarlos.

El pasado 12 de febrero fallecía David Carr. Se marchó trabajando, como siempre, en la redacción del New York Times. Para los jóvenes que buceamos en esto del periodismo y la comunicación, Carr era algo más que un referente. No en vano había escrito consejos sobre el oficio como éste:

Your time will come. What’s important is that you have those stories, you own those stories. I used to run weeklies and hire a lot of young people. If I was hiring now I wouldn’t really care that you went to DIT or that you got your Masters or that you’re an editor with a college paper, I would like to see what you made with your own hands. The fact that you’ve got stories that landed that were real, even though they didn’t end up where you wanted, those are yours, those are yours to keep and if you get enough of them pretty soon someone will hand you a megaphone and you’ll be able to shout out from a very high perch indeed; stay at it. I mean, my advice is remain patient but be impatient with your patience. You know what, it’s a fine time to be looking, and it’s a fine time to be putting stuff out there. Sometimes you get a story and you might not work at some place that’s that important in the national narrative but if it’s important enough people will reach down and grab it and it will end up happening for you.

Carr se ha ido. Pero nos quedan sus columnas en The Media Equation. Se ha ido, igual que se fueron otros. Sin hacer ruido, pero dejando sus palabras por bandera del oficio. El mejor oficio del mundo, que diría Gabriel García Márquez. El mismo que denunciara en El País los males que acechaban al trabajo diario de cientos, miles de periodistas en 1996:

No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor. [...] Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere de más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.

No sé cuándo empecé a escribir. Pero sí recuerdo la noche en que leí el correo de Vicente Pueyo, antiguo redactor jefe de Diario de León. Contestaba a un artículo que había enviado para la sección de Opinión. Se titulaba «Una generación perdida». Me decía que siguiera, que no dejara de escribir. Gracias a él empecé a colaborar en Diario de León, donde trabajaba Ana Gaitero, una de las periodistas leonesas que más admiraba (y admiro). Poco a poco el virus empezó a colarse entre mis células. El mismo virus que describe García Márquez. El virus del mejor oficio del mundo.

Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.

Imagen destacada | Sandid (Pixabay)

Matraces de letras (X): 7 lecturas de domingo

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Una semana más, un domingo menos. Con él llega un repaso a la actualidad con algunas de las lecturas más curiosas e interesantes de los últimos días. Matraces de letras llega así a su décima entrega. Y que sean muchas más. Allá van:

• Matías S. Zavia se ha pasado una semana buceando en la deep web. Relata en Xataka lo que encontró allí: hackers por encargo, la wiki oculta, tráfico de drogas, armas, cuentas premium o falsificaciones. El conocido como ‘lado oscuro’ de la red fue explicado también por Gabriela González hace tiempo en Think Big.

• Esta semana se ha ido uno de los grandes del oficio: el periodista David Carr. Honesto y crítico como pocos -basta conocer el argumento de su libro autobiográfico ‘The night of the gun‘, entendía el periodismo como la forma de llegar a la verdad. New York Times se queda un poco más huérfano ahora sin sus columnas semanales. Merece mucho la pena leer esta pieza en New Yorker sobre la personalidad y el trabajo de Carr.

With him, this truth was implicit: writing is a craft, none of us is beyond making mistakes, and certainly none of us is above being called on it.

• El pasado jueves se daban a conocer las imágenes premiadas en el World Press Photo de 2015. La fotografía ganadora es de Mads Nissen. Capta un momento íntimo entre una pareja gay de San Petersburgo, y ha sido también descrita como un “relato sobre el amor y contra el odio”. La galería completa en la página del World Press Photo Contest.

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En relación al trabajo del periodista -como Carr- y del fotoperiodista, Ricardo García Vilanova hablaba claro en una master class en FNAC esta semana:

Que un periodista se convierta en noticia es la antítesis del periodismo. No somos nadie, nadie nos conoce. Los premios ni tendrían que existir. Incluso las fotos y los vídeos no tendrían que ir firmados. Solo somos un transmisor.

• Algo de ciencia en este resumen semanal. En particular, de física. 2015 será un año importante para la investigación que podría confirmar una predicción de Einstein: comenzará el trabajo de LIGO para detectar ondas gravitacionales. En The Guardian hacen un repaso a este incipiente campo de investigación. Con él podríamos escuchar por primera vez los ecos de los instantes iniciales del Universo.

Slack ha cumplido un año. Doce meses en los que ha experimentado un crecimiento espectacular: su valor actual se sitúa en torno a los 1.100 millones de dólares. En Business Insider, algunas de las claves de su éxito: crear un producto sencillo y bueno (que entusiasma a sus usuarios), y que cuenta con un diseño muy muy atractivo. Tres razones fundamentales que explican que actualmente tenga 500.000 usuarios activos diarios. Casi nada.

• En Slate responden a la eterna pregunta: ¿influye la homosexualidad de los padres/madres en la crianza de los hijos? 71 investigaciones realizadas durante los últimos 35 años parecen haber dado con una respuesta bastante clara -y definitiva-.

• Imprescindible esta semana: la filtración de los 100.000 nombres de la ‘lista Falciani’, desgranada a lo largo de los últimos siete días en El Confidencial. Impresionante labor periodística del consorcio ICIJ, y en el caso español, de los periodistas de La Sexta y de El Confidencial responsables de investigar y analizar este monstruoso caso de evasión fiscal.

Hoy termino el resumen sin música. Pero con un atardecer increíble en plenos Picos de Europa. Sean felices y disfruten del domingo.

Imagen | República (Pixabay)

Matraces de letras (IX): 7 lecturas de domingo

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Primer Matraces de letras del 2015 con las piezas más interesantes que he leído esta semana. Política, mucha ciencia y cultura. Siete días que han dado mucho de sí. Vamos allá:

• No hay duda que esta semana ha estado marcada por las elecciones griegas. El ‘terremoto Syriza’ ha sacudido Europa, tanto por quienes temen el impago de la deuda como los que celebran las políticas sociales que quiere poner en marcha Alexis Tsipras. También hemos oído el mantra de “España no es Grecia”. ¿Con qué quedarnos? Os animo a leer este artículo de Aitor Riveiro en El Diario sobre las cinco diferencias y las dos similitudes entre Podemos y Syriza. Por cierto, para comprender el sistema electoral griego, vale la pena leer este artículo de Principia Marsupia.

• La entrevista en JotDown a José López Barneo es brillante. Debate sobre el sistema de investigación en España, el rechazo al uso de animales de experimentación en la UE o los avances en biotecnología (y su visión personal tras su paso por Noscira de Zeltia) y la verdad es que merece mucho la pena.

• Los últimos datos de los brotes de sarampión en Estados Unidos son realmente preocupantes. Santiago Campillo habla en Hipertextual sobre los devastadores efectos de los movimientos antivacunas. Como ejemplo, este reportaje en New York Times sobre el padre de un niño de 6 años con leucemia, que ha pedido al director de su colegio que no admita a estudiantes no vacunados por el evidente peligro que corre su hijo de infectarse (al tener cáncer y recibir quimioterapia, su cuerpo está ‘bajo de defensas’). Ojalá podamos invertir esta peligrosa tendencia anticientífica.

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• No podía faltar en la selección de esta semana la maravilla que publicaron en The Atlantic. En esta pieza se hablan sobre los terribles experimentos de Stanley Milgram en psicología, que marcaron el pensamiento colectivo sobre la existencia de la ‘maldad’ en la especie humana, y cómo las últimas investigaciones tratan de rebatir sus conclusiones. Imperdible.

• ¿Cuánto desconoces la ciudad en la que habitas? Daniel Jiménez en Vice nos toca algo por dentro al hablarnos del ‘homeless’ metido a librero que le recomendó leer a Henry Miller. Sobre la vida. Sobre Madrid. Sobre lo que nos hace humanos.

• Lawrence M. Krauss combate la falsa idea del diseño inteligente en The New Yorker. En este artículo habla sobre astrobiología (una ciencia que está en su más tierna infancia, destaca) y por qué no ha contribuido a apoyar la existencia de Dios, como apuntaba un artículo anterior publicado en Wall Street Journal.

• Abrimos con política griega, y cerramos con ella. La formación del gobierno de Tsipras ha levantado una gran polvareda en los últimos días: trece ministerios, cero mujeres. En los 39 altos cargos nombrados (no sólo ministerios, sino también secretarías de estado), el político griego ha designado sólo a seis mujeres. En Politikon, Luis Abenza analiza las dimensiones de la representación política y por qué la ausencia de mujeres influye sobre las políticas que se lleven a cabo en Grecia.

Termina enero. Y recibimos febrero con un clásico entre los clásico. Sean felices.

El egoísmo

Que la vida va en serio lo descubres en esa analítica. Cuando miras a los ojos del pediatra, y descubres en la inmensidad un titubeo dubitativo. Algo va mal. Unas cifras que no entiendes, un valor por encima de cualquier estimación. Un no sé qué de glóbulos blancos. Un no sé qué en la médula ósea.

Piense en su hijo, en su sobrino, en su nieto. ¿Recuerda cuándo nació? La sensación de tomarle en brazos, de ver por primera vez cómo le buscaba con la mirada. El momento en el que sonrió. La fecha de su primera palabra. Sus gateos, sus primeros pasos.

Ahora trate de imaginar el día de su quinto cumpleaños. Un lustro a su lado. Las noches sin dormir, los días en el pediatra. Las tardes de baños, los juegos con los primeros peluches, las sonrisas de ese enano de pelo rizado. La charlatanería de esos ojos azules. Los paseos sin final. Descubrir una ciudad que jamás imaginaste a su lado.

Cuando el parque se convierte en universo y cualquier tobogán en la más peligrosa de las aventuras. Algo así debía ser la vida de Carl Krawitt. Este californiano disfrutaba de los juegos y la felicidad con su pequeño Rhett. Hasta aquel día, aquella maldita consulta, aquellas terribles y aburridas paredes blancas.

La vida va en serio, sí. Y le gritaba al oído, y le volvía la espalda. Le revolvía el estómago, le vencía con escalofríos. Nada sería lo mismo para Carl y Rhett. Los catarros ya no era sólo pequeños sustos. Las mañanas en el pediatra se podían convertir en largas jornadas de hospital. Rhett tiene sólo seis años. Padece leucemia. Es un niño como cualquier otro. Con sus risas, llantos y pataletas. Con sus deberes, bromas y balbuceos.

Pero tiene leucemia. Es un valiente, piensa Carl, mientras le acompaña a la sesión de quimioterapia. Otra más. Aguanta los pinchazos apretando los dientes. Tiene la mirada perdida, como si perderse en aquel póster del bebé sirviera de algo. Como si fuera una persona adulta en sus ciento doce centímetros. Rhett soporta como un estoico. Contra viento y marea. Con el veneno quemándole la piel y las venas.

Ningún niño debería tener cáncer. Tampoco Rhett. Sonríe mientras coge la mochila del colegio, y su padre le agarra de la mano. No sólo es un valiente en el hospital. También en las clases, donde sigue dibujando, aprendiendo y riendo como siempre. Como si no pasara nada. Como si pasara todo.

Ese día es diferente. Carl va a hablar con el director. Se ha enterado de que unos padres llevan a compañeros de Rhett a la escuela sin que estén vacunados. Son un foco de infección con patas, protesta. El profesor se encoge de hombros. Son creencias estúpidas. Lo sabe. Se ha puesto de moda no vacunar a los niños, como se lleva hacerse un selfie o comprarse el último best-seller.

Pero sus estúpidas creencias ponen en peligro a Rhett. A su pequeño Rhett. No sé qué de autismo y vacunas, murmura el director. Es mentira, contesta Carl enfadado. Maldito el día en que un médico decidió manipular sus datos experimentales para infundir miedo sobre la vacunación. No es verdad, no es verdad. Écheles, joder. Écheles.

El eco de su voz resuena en el despacho vacío. El director se ha ido. Se ha cruzado de brazos, le ha esbozado una sonrisa y se ha ido. Como quien no puede o quiere enfrentarse al egoísmo. El mismo que puede jugar con la vida de Rhett. Cualquiera de esos microbios que pueden albergar los hijos de esos imprudentes podría atacar a su hijo.

Sus defensas están bajas. El cáncer ha debilitado su sistema inmune. La quimioterapia no para de tirar bombas sobre su organismo. Y los compañeros de aula de Rhett van al colegio sin vacunar. El director no puede hacer más que encogerse de hombros. Carl pega un puñetazo en la puerta. Y se va.

- La realidad: New York Times

Matraces de letras (VIII): diez cosas que aprendí en 2014

matraces de letras

No es domingo, pero como si lo fuera. Los últimos compases de 2014 saben igual que el final de la semana, con una extraña mezcla de nostalgia por lo que se fue y de ilusión por lo que vendrá. Para recordarlo, mejor hacerlo por escrito. Y por eso hoy toca una nueva edición de Matraces de letras, aunque sea con un toque diferente. Éstas son las diez cosas que aprendí en 2014:

• La curiosidad no es una enfermedad, pero casi. Descubrí a Philip Ball y de repente muchas cosas encajaron. Me reconocí en la pregunta que formula: ¿por qué todo nos interesa? Y recordé entonces a Marie Curie, cuando apelaba a “ser curioso sobre las ideas, y no sobre las personas“. De inmediato, vino a mi mente una charla TED que ofreció el astronauta Chris Hadfield hace sólo unos meses:

• Porque la curiosidad también viene acompañada del miedo a lo desconocido. Hadfield habla del pánico en el espacio, y nos da una respuesta impactante. Si somos capaces de reprogramar nuestra mente frente al miedo, conseguiremos superar ese terror, tan visceral como primitivo, para poder descubrir lo desconocido. O como diría Mario: “no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda”.

• El año que termina ha sido el año de los cambios. Dejé Barcelona por Madrid. Y aquí descubrí una ciudad increíble. Alguna vez me he preguntado si te puedes llegar a enamorar de unas calles. Madrid es una canción de Joaquín Sabina, un bar de Malasaña, un rastro en domingo. Madrid se enciende, y de repente es mucho más que el barrio de las Letras, que Chueca, que la Latina, que Chamberí. Aunque no veas las estrellas, arde Madrid. Y aquí los sueños siempre despiertan.

Todo es susceptible de empeorar. Mi padre, a sus casi cincuenta y diez, dice de vez en cuando frases tan ciertas como lapidarias. 2014 también ha sido el año de los bofetones imprevistos. El tiempo, como siempre, pone todo (y a todos) en su sitio. Lo canta mejor Vetusta Morla: “por mucho que vuelvo no encuentro mis recuerdos, los busco, los sueño, lo propio ya es ajeno“. Hay duelos tan largos que a veces, por desgracia, los confundes con tu hogar.

• Suiza, Alemania, Francia, Portugal, Inglaterra. El año que termina también me ha permitido aprender viajando. Me enamoré de Berlín, disfruté como una niña pequeña viendo los Alpes. Conocí a dos premios Nobel, cené con uno de ellos mientras hablábamos de religión y ciencia en el Eixample. Y descubrí cómo se puede seguir con una vitalidad increíble superados los ochenta. Gracias Werner Arber por tanto, pero sobre todo por la inspiración.

• Dejé ALT1040 y regresé a Hipertextual. Escribí hace casi 365 días que si trabajas en lo que te gusta, jamás volverías a trabajar en tu vida. Y tengo la inmensa fortuna de dedicarme a algo que me apasiona, contando con el cariño y la guía de gente a la que admiro. Esta es otra lección del año que termina: disfruta, y no dejes nunca de hacerlo. Si algo no te divierte, cambia el rumbo.

Que trabajo en periodismo, pero no soy periodista. La primera obra que leí de Gabriel García Márquez fue Relato de un náufrago. No sé cómo, pero me cautivó. Y quise que si algún día escribía -para mí o para el resto- dejara el sabor del agua salada del que se ahoga en la lengua del lector. Eso es para mí periodismo. El mismo que te emociona y te atrapa en la crisis del ébola. No sé bien -todavía no lo sé- si debes estudiar periodismo para ser periodista. Pero al menos sí sé que me gustan estos consejos y collejas.

• Una ida de olla -porque es la mejor definición posible que existe- se convirtió en realidad con un BOE en diciembre de 2013. Corría el año 2012, y en unas prácticas de máster se cruzaron Severo Ochoa, la doble hélice y la imaginación de la que ahora escribe. En una asamblea en Sevilla -cuando FEBiotec estaba muy tocada por el duelo, cabe recordarlo-, decidimos que las idas de olla podían ser bonitas.

Había una diapositiva de Mafalda en la presentación. Decía algo así como “¿y si en vez de planear tanto, voláramos un poco más alto?” Y así fue como se empezó a escribir el Año de la Biotecnología en España. Tiene muchos nombres detrás: Arturo, María José, Rober, Isabel, Jorge, Regina, Mario. Y el de todos los que han ido contribuyendo con su granito de arena al sector. El 2014 ha sido-fue el año de los biotecnólogos.

Tal vez pudo ser más, pero al menos fue. Y resulta bonito pensar que de aquel lejano “¿bioqué?” hemos pasado a ser protagonistas de una exposición en el Museo Nacional de Ciencia, de programas de televisión sobre divulgación e incluso, se constituya una asociación para promover su comunicación. Como todo, tiene sus peros. Ojalá se hubiera declarado antes, ojalá hubiera mayor inversión en ciencia. Pero al menos ha sido-fue. La intrahistoria del #2014biotec es tan simple como bonita: una ida de olla que ha volado un poquito más alto.

No dejes nunca de aprender. Y puedes hacerlo todos los días, gracias a la red de redes, a los libros, a las series, a los MOOC. Puedes apuntarte a un curso en la universidad y conocer a gente extraordinaria. Porque 2014 también ha sido mi año de vuelta a la universidad. Y entre cafés de facultad, clases sobre comunicación, continúo aprendiendo de los que me rodean y los que me dan clase. Regresar a las aulas está siendo apasionante.

• Supérate a ti mismo. Sí, a ti. La que estás vagueando en el sofá. Escribiendo, leyendo, escuchando música. Venga, sal. Ponte las putas zapatillas y corre. Ahógate. Échale huevos. Tira. Sigue, sigue, sigue. Ésa es otra gran lección del año. Que si puedo, quiero. Y quise correr 5 kilómetros, y después me empeñé en terminar los 10 kilómetros Ciudad de León. Llegué sin pulmones a la meta. Pero cuando crucé y vi la catedral, juro que no sabía si llorar o echarme a reír. Porque había podido.

1019 caracteres no son nunca suficientes. Diez cosas no definen un año. Ni las personas que conocí, ni aquellas que se fueron. Ni los textos que me enamoraron, ni las canciones que consiguieron embriagarme. Son sólo pequeñas pinceladas. Pero suficientes. Ojalá 2015 se lleve lo malo, y regrese con buenos deseos para todos. Sean felices. Más que nunca, igual que siempre.

Imágenes | MNIT Jaipur